EL LOBO INFELIZ
Ese día encontré en el bosque la flor más linda de mi vida. Yo, que siempre he sido de buenos sentimientos y terrible admirador de la belleza, no me creí digno de ella y busqué a alguien para ofrecérsela. Fui por aquí, fui por allá, hasta que tropecé con una niña que le decían Caperucita Roja. La conocía pero nunca había tenido la ocasión de acercarme. La había visto pasar hacia la escuela con sus compañeros de clases. Tan locos, tan traviesos, siempre en una nube de polvo, nunca se detuvieron a conversar conmigo, ni siquiera me hicieron un adiós con la mano. Qué niña más graciosa. Se dejaba caer las medias a los tobillos y una mariposa ataba su cola de caballo. Me quedaba oyendo su risa entre los árboles. Le escribí una carta y la encontré sin abrir días después, cubierta de polvo, en el mismo árbol y atravesada por el mismo alfiler. Una vez vi. que le tiraba la cola a un perro para divertirse. En otra ocasión apedreaba las palomas del parque.
Detuve la bicicleta y desmonté. La saludé con respeto y alegría. Ella hizo con el chicle un globo tan grande como el mundo, lo estalló con la uña y se lo comió todo. Me rasqué detrás de la oreja, pateé una piedrecita, respiré profundo, siempre con la flor escondida. Caperucita me miró de arriba abajo y respondió a mi saludo sin dejar de masticar.
– ¿Qué se te ofrece? ¿Eres el lobo feroz?
Me quedé mudo. Sí era el lobo pero no feroz. Y sólo pretendía regalarle una flor recién cortada. Se la mostré de súbito, como por arte de magia. No esperaba que me aplaudiera como a los magos que sacan conejos del sombrero, pero tampoco ese gesto de fastidio. Titubeando, le dije:
–Quiero regalarte una flor, niña linda.
– ¿Esa flor? No veo por qué.
–Está llena de belleza –dije, lleno de emoción.
–No veo la belleza –dijo Caperucita. Es una flor como cualquier otra.
Sacó el chicle y lo estiró. Luego lo volvió una pelotita y lo regresó a la boca. Se fue sin despedirse. Me sentí herido, profundamente herido por su desprecio. Tanto, que se me soltaron las lágrimas. Subí a la bicicleta y le di alcance.
–Mira mis  lágrimas.
– ¿Te caíste? –dijo. Corre a un hospital.
–No me caí.
–Así parece porque no te veo las heridas.
–Las heridas están en mi corazón -dije.
–Eres un imbécil.
Escupió el chicle con la violencia de una bala.
Volvió a alejarse sin despedirse.
Y empujando la bicicleta, con el peso del desprecio en los huesos y el corazón más desecho que una hoja seca pisoteada por cien caballos, fui hasta el pueblo y me tomé unas cervezas. “Bonito disfraz”, me dijeron unos borrachos, y quisieron probárselo. Esa noche había fuegos artificiales. Todos estaban de fiesta. Desde una ventana del Bar Vi a Caperucita con sus padres. Se comía un inmenso helado de chocolate y era descaradamente feliz. Permanecí en silencio.
Volví a ver a Caperucita unos días después en el camino del bosque.
–¿Vas a la escuela? –le pregunté, y en seguida me di cuenta de que nadie asiste a clases con sandalias plateadas, jeans a la cadera y blusa escotada.

–Estoy de vacaciones –dijo. ¿O te parece que éste es el uniforme?
El viento vino de lejos y se anidó en su ombligo.
– ¿Y qué llevas en el canasto?
–Un rico pastel para mi abuela. ¿Quieres probar?
Casi me desmayo de la emoción. Caperucita me ofrecía su pastel. ¿Qué debía hacer? ¿Aceptar o decirle que acababa de almorzar? Si aceptaba pasaría por ansioso y maleducado: era un pastel para la abuela. Pero si rechazaba la invitación, heriría a Caperucita y jamás volvería a dirigirme la palabra. Me parecía tan amable, tan bella. Dije que sí.
–Corta un pedazo.
Me prestó su navaja  que saco de su cartera y con gran cuidado corté un pedazo pequeño. Lo comí con delicadeza, con educación. Quería hacerle ver que tenía maneras refinadas, que no era un lobo cualquiera. El pastel no estaba muy sabroso, pero no se lo dije para no ofender. Tan pronto terminé sentí algo raro en el estómago, como una punzada que subía y se transformaba en ardor.
–Es un experimento –dijo Caperucita. Lo llevaba para probarlo con mi abuela pero tú apareciste primero. Avísame si te mueres.
Y me dejó tirado en el camino, quejándome.
Así era ella, Caperucita Roja, tan bella y tan perversa. Casi no le perdono su travesura. Demoré mucho para perdonarla: tres días. Volví al camino del bosque y juro que se alegró de verme.
–La receta funciona –dijo. Voy a venderla.
Y con toda generosidad me contó el secreto: polvo de huesos de murciélago y picos de golondrina. Y algunas hierbas cuyo nombre desconocía. Lo demás todo el mundo lo sabe: mantequilla, harina, huevos y azúcar en las debidas proporciones. Dijo también que la acompañara a casa de su abuela porque necesitaba de mí un favor muy especial. Batí la cola todo el camino. El corazón me sonaba como una locomotora. Ante la extrañeza de Caperucita, expliqué que estaba en tratamiento para que me instalaran un silenciador. Corrimos. El sudor inundó su ombligo, redondito y profundo, la perfección del universo. Tan pronto llegamos a la casa y pulsó el timbre, me dijo:
–Cómete a esa vieja, ¡perdón a la abuela¡
Abrí tamaños ojos.
–Vamos, hazlo ahora que tienes la oportunidad.
No podía creerlo.
Le pregunté por qué.
–Es una abuela rica –explicó–. Y quiero su herencia.
No tuve otra salida, que meterme a la vieja, ¡perdón a la abuelita¡ Todo el mundo sabe eso. Pero quiero que se sepa que lo hice por amor. Caperucita dijo que fue por hambre. La policía  le creyó y me anda buscando
Es su palabra contra la mía. ¿Y quién no le cree a Caperucita? Sólo soy el lobo de la historia.
Aparte de la policía, señores, nadie quiere saber de mí. Ni siquiera Caperucita Roja. Ahora más que nunca soy el lobo del bosque, solitario y perdido, envenenado por la flor del desprecio. Ahora es una joven muy rica, siempre anda en moto o en un auto lujoso, y es difícil alcanzarla en mi destartalada bicicleta, además  de sus amenazas El otro día dijo que si la seguía molestando haría conmigo un abrigo de piel y mostrándome la navaja. Me da miedo. La creo muy capaz de cumplir su promesa.

                           
Erase una vez una muchacha  llamada Cenicienta, que trabajaba de nana en la casa de su madrastra. Un día el hijo del Rey dio un baile y a ella se le apareció el Hada Madrina, que le dijo: “vas a ir al Evento, pero debes saber que hay muchas cosas que el dinero no puede comprar. Pero para todo lo demás...” –dijo, sacando su tarjeta de crédito mágica, cuya luz propia irradiaba diminutas chispas fluorescentes y comenzó a impartir órdenes por su celular. Ya en el baile, todos se preguntaban quién era aquella joven flaca y teñida de rubio, con pinta de estúpida modelo de televisión. El Príncipe se enamoró al instante. Pero a las doce en punto, en medio de una cumbia de la Sonora Palacios... perdón, en medio del salón del Palacio, Cenicienta huyó, dejando un zapato talla 32 de cristal, que al otro día el Príncipe, soportando mucho olor a pata, lo usó para encontrarla y casarse con ella. Y fueron muy... No. No fueron tan felices, porque cayeron en una crisis económica. Fue cuando el hijo del Rey debió encargarse de la mágica tarjeta de crédito. El sueldo de Principal Gerente... perdón del Príncipe Regente, no le alcanzó para los pagos mínimos. Además, los intereses de las cuotas resultaron ser enormes por lo que se atrasó en algunas, le salieron cheques protestados y finalmente lo demandaron. Pero saben que algún día la crisis pasará y serán felices por siempre jamás, como pasa en los cuentos de Hada.


                      CUENTOS MUY CORTOS
                       


                                           Si me cedes un latido de tu prisa
Te contaré
Cuentos tan cortos como suspiros,
Como el inicio de un gesto,
Como la insinuación de una sonrisa,
Como el primer instante de un sueño.
Sé que no tienes tiempo.
Te engañas y me mientes,
y yo finjo creer la ausencia de tus latidos.
Aun así, déjame que insista.
Seré breve.
Breve como las palabras no pronunciadas,
Como las miradas de entendimiento entre dos cómplices,
Como la caricia de ánimo
O el beso en la mejilla.
Breve como los cuentos que caben en una mano
O los que desaparecen en la segunda hoja.
Quiero arrebatarte el tiempo de un parpadeo
y el segundo en el que se desvía la mirada.
Quiero prenderte en mi palabra,
Que te abandones a mi voz durante el breve desliz
Que provoca el asombro.
Busco prisioneros fugaces
Para mis hojas de viento efímero.
Pretendo robar eso que no tienes:
Un poco de tu tiempo.
A cambio, te engañaré con pocas palabras sólo las imprescindibles,
Aquellas que necesitabas leer
y para las que no podías perder ni el segundo de un parpadeo.
Ahora sí es cierto que no los tienes,
Ni el latido ni tus ojos;
Te he engañado
Y me he quedado con ellos.


DISTRAIDO


Me levanto una mañana. Salgo de mi casa. Hay un pozo en la acera. No lo veo… y me caigo en él.
Día siguiente. Salgo de mi casa. Me olvido de que hay un pozo en la acera… y vuelvo a caer en él.
Tercer día. Salgo de mi casa tratando de acordarme de que hay un pozo en la acera. Sin embargo, no lo recuerdo… y caigo en él.
Cuarto día. Salgo de mi casa tratando de acordarme del pozo en la acera. Lo recuerdo. Y a pesar de eso, no veo el pozo… y caigo en él.
Quinto día. Salgo de mi casa. Recuerdo que tengo que tener presente el pozo en la acera. Y camino mirando el suelo. Y lo veo. Y a pesar de verlo… caigo en él.
Sexto día. Salgo de mi casa. Recuerdo el pozo en la acera. Voy buscándolo con la vista. Lo veo. Intento saltarlo… pero caigo en él.
Séptimo día. Salgo de mi casa. Veo el pozo. Tomo carrera. Salto. Rozo con las puntas de mis pies el borde del otro lado. Pero no es suficiente… y caigo en él.
Octavo día. Salgo de mi casa. Veo el pozo. Tomo carrera. Salgo. ¡Llego al otro lado! Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido que lo festejo dando saltos de alegría. Y al hacerlo… caigo otra vez en el pozo.
Noveno día. Salgo de mi casa. Veo el pozo. Tomo carrera. Lo salto… y sigo caminando.
Décimo día. Me doy cuenta, justo hoy de que es más cómodo caminar por la acera de enfrente.

DOLOR DE PARTO

 La mujer con su marido fueron al hospital para tener un hijo.
Cuando llegaron, el médico les dijo que habían inventado una máquina que dividiría los dolores de parto con el padre del bebé. Les preguntó si ellos querían probar el nuevo invento, y obtuvo la aceptación de la pareja.
El médico reguló la máquina para transferir solamente un 10% del dolor para el padre, diciendo que sería suficiente, ya que siendo un hombre, no conseguiría soportar más que eso. La mujer comenzó el trabajo de parto y el marido estaba sintiéndose perfectamente.
Entonces resolvieron aumentar a 20%, y el marido continuaba bien. El médico, intrigado, controló la presión, verificó el corazón, y todo estaba normal. Así que tomó la decisión de ir a 50%.
Después de un rato, el bebé estaba casi naciendo y como el marido continuaba bien, resolvieron transferir el dolor de parto 100% para proporcionarle a la mujer un parto sin dolor.
De esa forma, la mujer tuvo el bebé muy tranquila. Ella y su marido estaban muy felices.
Cuando llegaron a su casa, ¡encontraron al vecino muerto en el jardín! ...

LADRONES

Compañeros y compañeras: 
Quiero aprovechar que estamos aquí reunidos, para compartir unas palabras .Les prometo que seré lo más breve posible. Ante todo, permiten-me presentarme. 


Mi nombre es ROBE ROBERTO, y soy inspector de ladrones, y es desde esta alta responsabilidad que quiero hacer un llamado… Robemos sí , pero robemos organizadamente y con dignidad…Que el desorden sea con orden. Se sabe que somos un país del tercer mundo, pero nuestros ladrones presentan unos índices de efectividad que nada tiene que envidiar a países del llamado primer mundo. Para que tengan una idea de lo que digo, sepan que nuestro país cerró el pasado semestre con una tasa de efectividad promedio de robo superior a un país como los Estados Unidos 

Pero no nos desviemos, compañeras y compañeros: Me trae aquí el tema de la organización. De todos es sabido que la calle AHUMADA, y las salidas y entradas AL METRO son los sitios preferidos por nuestras esforzadas ladrones ,pero hemos llegado a extremos tales de des organización ,que el miércoles pasado fui testigo ,a las diez de la mañana en la calle AHUMADA CON ALAMEDA , de lo siguiente :más de la mita de las personas que se encontraban en la zona antes mencionada ,me atrevería a decir que cerca del 80% ,y estoy siendo conservador ¡ eran ladrones en horario de trabajo ¡ Eso trajo como resultado que algunos compañeros, después de robar hábil y honestamente , fueran despojados del fruto de su trabajo por otro ladrón que a su vez fue victima de robo por otro ladrón , y así sucesivamente.Esta situación ha creado un lógico malestar y se nos ha pedido que pongamos fin a esta problema laboral. Pues bien, para garantizarle adecuadas condiciones de trabajos a nuestros compañeros ladrones, se ha decidido hacer turnos rotativos. De esta manera se pretende que no haya más de diez ladrones trabajando en un mismo horario y lugar, lo que significa un ladrón por cada 20 personas. También para agilizar el proceso y estimular tanto a ladrón como a la victima: cada ladrón ,después de trabajar a un cliente dejará un comprobante en el bolsillo donde robó .Así el cliente que sufra más de 10 robos anuales podrá obtener el fin de año, previa presentación de todos los bonos una oferta especial. Este sistema comenzará a funcionar la próxima semana y se iría reajustando en el camino .Solo quiero añadir que si sorprendemos a un ladrón robándole a otro ladrón le vamos a poner una sanción que se ajuste a la gravedad del hecho, que pueden ir desde un combo profiláctico hasta la pena máxima que es vivir cinco años con un sueldo de un educador parvulario. 

Otro asunto de máxima importancia es que todos los ladrones, tengan actualizado su licencia, porque seremos inflexibles con aquellos ladrones o ladronas que encontremos robando sin su licencia .No vayan a pensar que esto es una formalidad mas; lo que aspiramos a lograr con este rigoroso control es que cada compañero ladrón pueda robar con tranquilidad. Otro asunto es que no permitiremos que ladrones que vivan en LA PINTANA por poner un ejemplo, vayan a robar a PUENTE ALTO, por supuesto que habrán lugares como LAS CONDES, LA REINA que serán declarados zonas francas y donde todos podemos meter las manos .Pero con excepción de estos lugares al que pillemos robando fuera de su comunidad se le expulsara des honrosamente de nuestra Asociación de LADRONES. Claro que siempre habrá alguien que cometa un error: Después de todo, como dijera un filosofo LA GENTE, POR DINERO ES CAPAZ DE TRABAJAR HASTA HONRADAMENTE. Quiero contarles una anécdota, el otro día sorprendí a un joven asaltando a una vieja con una pistola. El de la pistola era el joven, no la vieja .Cuando le pregunte al joven si tenia licencia para robar me dijo que no. Al tiro le mostré mi carnet de inspector de ladrones, pero lo peor fue cuando me dijo que la pistola era de juguete, no lo podía creer ¡robando sin licencia y con una pistola de juguetes¡.Señores eso es un doble delito, porque eso es engañar al cliente. Pero como se trataba de un joven no había que ser extremista, además era la primera vez que robaba .así que no le puse ningún parte, y lo recomendé que se matriculara en un curso de ladrones que se están realizando en diferentes MUNICIPALIDADES y al cabo de dos meses sales con un titulo profesional, de ahí salí yo con titulo de oro...Por poco me pillan. 

Bien señores solo me resta pedirles disculpas por haberles robado un poco de tiempo y ahora los dejo, que tengo que buscar a mi hijo en el jardín infantil LADRONCITOS DE FUTURO… ¡chao¡ 

Fin: 












VIVIR DEL CUENTO fue un proyecto humorístico que me obligaba a contar un 50% de cuentos o chistes de mi autoria y el otro 25% correspondía a personas del público que me contaban o entregaban sus chistes  en un papelito  al final de cada espectáculo con el objetivo de que los contara en la próxima presentación y el 25% restante  correspondía al humorista invitado, lo cual hacia que cada  presentación de VIVIR DEL CUENTO  fuera un éxito. Antoloria no es el resumen de VIVIR DEL CUENTO,pero si  es  un pedacito de lo que sucedía cada martes del año 2005 en la sala principal del teatro Bertol Brech de La Habana y que hoy quiero compartir con ustedes.
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